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30 AÑOS REDESCUBRIENDO A MEDELLÍN

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Texto: Juan Camilo Montoya

Si 20 años no son nada, como los sentenció en ‘Volver’ el recordado Carlos Gardel, 30 años es apenas el inicio de una etapa. Esa es la sensación que comparten las personas que conforman el grupo de trabajo del Teatro Matacandelas, quienes el 9 de enero comenzaron lo que todo este año será y viene siendo celebrado: 30 años de vida haciendo teatro para Medellín y para el mundo, para muchos y para pocos, para avezados y para principiantes en el fino arte de la dramaturgia.

“La sensación que nos queda luego de estos años es la de sentir que volvemos a nacer, que nos volvemos a reinventar y partimos de cero buscando nuevas maneras de sentir y comunicar el mundo a través de nuestra teatralidad”, dice Sergio Dávila, encargado de las comunicaciones del Matacandelas.

El grupo nació en 1979 y creció acompañado de complejos y acelerados procesos de transformación en la ciudad que derivaron en muchas expresiones artísticas, entre ellas el teatro, a mutar no solo para comprender los nuevos entornos que sugería el paso del tiempo, sino para poder sobrevivir en una sociedad que como lo señaló muchas veces Andy Warhol, siempre le ha concedido más relevancia a la forma que al fondo. En ese sentido, el Matacandelas entiende al teatro como una de las mejores maneras de recuperar la memoria, de recuperar la historia y de recuperar al ciudadano, y esa manera de experimentar y comunicar el arte es la que le permitió ser nombrado como Patrimonio Cultural de la ciudad en 1991, así como protagonista permanente de festivales internacionales en América y Europa.

Entre 200 y 250 funciones presentan anualmente y cuenta a la fecha con 24 personas entre actores y personal administrativo que han logrado llevar a las tablas cerca de 44 obras de dramaturgos y escritores tan diversos y tan superficialmente explorados desde las artes escénicas en la ciudad como Maurice Maeterlinck, Franz Xaver Kroets, Jean Cocteau, Tennessee Williams, Lucio Anneo Séneca o Edgar Allan Poe, por nombrar unos cuantos.

“Nos gusta redescubrir, observar, armar y desarmar un proceso, hasta llegar al punto donde luego de enfrentar la subjetividad encontramos el sentido de la calidad en una obra, y ese camino nos puede tomar mucho tiempo”, comenta Dávila, quien hace hincapié en que lo importante es entender al teatro como un grupo de personas capaces de reflejar historias y sensaciones, y no como una edificación.

Más que la estética, el proceso

Para este grupo de trabajo las diversas formas de expresar el teatro no constituyen una dificultad o diferencia en su relación con otras corporaciones teatrales, son, como dicen sus integrantes, nuevas alternativas que le surgen al colectivo, a la ciudad, para encontrase, para reconocerse en medio de tanto proceso de globalización que atenta contra lo propio, contra la memoria de las naciones y de las personas.

Junto a otras 17 entidades dedicadas al arte en la ciudad, el Matacandelas conforma el programa Medellín en Escena, el cual busca preservar los valores más tradicionales de la sociedad —sea antigua o contemporánea— mediante el redescubrimiento de manifestaciones artísticas masivas.

Su forma de concebir las artes escénicas, incluso en contextos como el comercial, que no atienden al corazón sino a la razón para funcionar, les ha permitido no solo sostener de manera firme y constante un proceso de crecimiento estructural y profesional, sino erigirse como modelo a copiar por otras corporaciones que tienen al teatro como razón de ser en la ciudad.

Entender que el actor es también un profesional que debe ser pagado, dejar de lado los prejuicios y el abrir sus puertas a otras manifestaciones del arte como los títeres y la música, reflejan el grado de maduración de las personas que lo manejan, y que con una buena dosis de paciencia y buena voluntad demostraron que el cobrar por una boleta no es ni venderse ni es anteponer intereses personales al amor a las tablas.

“Nosotros entendimos que esto es arte, que es la razón de ser, de vivir, pero también es una profesión y como tal debe ser pagada. Entrar a discutir si se debe cobrar o no ya no tiene sentido. Sabemos como es el juego, porque hace rato estamos metidos en él, y como tal sabemos cómo sacarle provecho sin dejar de lado la esencia, las ganas de aprender, de crear, de entender que lo nuestro no se juzga no por la estética sino por el proceso; no por el dónde sino por el cómo se llega a un fin”.

El Teatro Matacandelas, que ha visto las luces y las sombras de una ciudad como Medellín y que a la fecha ha llevado sus obras a más de un millón y medio de personas, seguirá su proceso de búsqueda, de reconocimiento, así lleven mucho tiempo en esto. Seguirán procediendo igual, porque como bien lo señalan sus integrantes, todos los días se aprende. Además, 30 años siguen siendo nada. O casi nada.