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Hombres de metal
Aunque a finales de la década de los años 70 en Colombia no hubiese sido fuerte el rock –entendido éste como un movimiento musical firme en su idea contestataria-, mundialmente se venían gestando varios grupos que ahora son leyenda: Led Zeppelín, Velvet Underground, Black Sabbath, Deep Purple y AC/DC. Igualmente se empezaron a configurar distintos géneros, como el punk, el pop y el metal.
La historia del metal ha estado marcada directamente por lo oscuro. En Medellín, el metalero surgió a inicios de la década de los años 80 en lugares como la Cueva de Carolo. Los hippies de la época traían LP´s del extranjero y en una casa en Envigado llamada Bathory, se podía escuchar black y death metal. Igualmente se conseguían con amigos que iban al exterior o con Eliécer, que los vendía cerca al Hotel Nutibara, la primera persona que empezó a comercializar el metal en la ciudad.
Masacre, junto a Judas, Kraken, Ekhymosis, Maleficarum, Mierda y Blasfemia, es la muestra de una época de horror en la Medellín de los años 80. Época esa en la que el metal se fortalece en la ciudad y llega a puntos altos en cuanto a momentos de conciertos y adeptos.
“Nosotros tenemos que decir lo que está pasando en este país. No somos capaces de hablar de otra cosa. ¿Para qué? Por eso cantamos muchas veces en español. Considero que primero debe tocar uno a la gente de acá y luego a la del extranjero. En el exterior les gusta mucho lo que nosotros hacemos, porque contamos historias propias, nuestros dolores, nuestras muertes. Eso es Masacre, nuestra muerte”, cuenta Alex.
El joven metalero, al igual que todas las tribus urbanas que se configuraron en la ciudad en los años 80, se empezó a controlar por la fuerza. El estigma del sicario, drogadicto y violento fue el que caracterizó a todos los jóvenes que estuvieran fuera del marco del joven oficial.
Y es que el joven tipo que en aquel entonces se denotaba como el productivamente útil era el que laboraba o el que avizoraba un futuro en materia de educación. Era el “ingeniero” promedio que deseaba una familia y un automóvil y vestía de una manera “normal”. La sociedad rechazaba al crítico, al joven que con su vestir decía: ‘poco me importan’.
¿Ciudad de hippies y drogadictos?
“Por esa época la movida era muy loca. Cualquiera que subiera a gritar o a tocar una guitarra, así sea con una cuerda era un ‘solle’. Ya no, la gente le pide más calidad a uno como músico. Hubo un momento donde los conciertos se calentaban mucho. La policía llegaba atropellando a cuanto mechudo veía, señalándolo de satánico, vicioso y asesino. Por acá no se podía hacer nada ni decir nada. Bombas y muertos por todos lados”, recuerda Alex.
Le pregunté si estaba dispuesto a cambiar su estilo musical en el momento en que algún empresario se lo propusiera, como lo han hecho muchos grupos locales de su época. Alex con seguridad y risa irónica me respondió: “No estamos en actitud de cambiar la banda, el nombre o la temática, y menos el estilo. Al contrario, hemos tratado de ser más fuertes en la medida que pasan los años. Muchos que oyeron a Masacre en el pasado, ahora lo oyen y dicen: ‘esos manes tienen que estar locos, todavía tan rudos haciendo esa güevonada tan bullosa’. Y no es eso”.
En ese momento recordé los gritos airados de mi madre diciéndome que le bajara a esa música de locos y que no escuchara más a esos marranos con hernia. Alex también empezó a hablar de lo mucho que ha peleado con la suya a causa de la música. “Ya no vivo con ella. Mi mamá siempre tuvo un concepto muy equivocado sobre esta música. Al comienzo tildaba esto como de hippies, drogadictos, y de cosas que no tienen nada que ver. Decía que a medida que uno iba quemando etapas, iba madurando, cambiando el gusto, la forma de vestir, de pensar y de hacer o vivir las cosas. Ella pensaba que cuando saliera del colegio cambiaría, como vio que no pasó nada, dijo que cuando terminara la universidad y empezara a trabajar si cambiaría. Y nada. Me casé, tengo una familia, soy profesional, estoy trabajando y sigo metido en el cuento. Ella dice que yo no he madurado, pero no creo que madurar sea escuchar un tipo de música o vivir de alguna manera.”
Un presente fuerte con futuro incierto
“Yo comencé en una banda que se llamaba Belfegor, y luego en Ekhymosis. Masacre nació cuando al ‘Bull Metal’, que estaba en Amén, y a mí nos echaran de los grupos en que estábamos. A mí me sacaron porque era muy malo en la voz y porque no me daba el tono, entonces yo dije: ‘Bueno, listo. Voy hacer una banda en la que les demostraré que hago una cosa más fuerte, más poderosa y más aplastante que la que ellos hacen’. Y eso hice, decidí formar a Masacre como una banda pesada, brutal y distinta a lo que había aquí en ese momento. Narraríamos lo nuestro, lo que veíamos y los que sentíamos: una realidad cruda y fuerte. Muy al estilo de lo que se estaba haciendo en Europa con el género death, que era demasiado nuevo. Por eso se creó tanto la leyenda de Masacre, porque a la par que estaban saliendo bandas en Europa, se conformó Masacre en Medellín”.
En la repisa que está al frente del sillón donde nos encontrábamos hay varios muñecos de Kiss. Sus caras pintadas están reflejadas además en varios afiches, por ello me animé a preguntarle qué tenía en común con ellos. “Kiss me influencia a mí en todo: en pintura, imagen, música, en su vivencia y en lo ‘rockeros’ que son. Si Kiss hubiera nacido en la época en que nacimos, estuviera tocando mucho más pesado que nosotros. Esos ‘manes’ estaban locos para lo que hacían en los años 70. Por eso digo que Kiss es muy ‘bacano’. Piensan diferente”.
Los primeros dibujos que hizo cuando era niño fueron de este grupo, y esa afición por la pintura lo llevó a estudiar Diseño Gráfico en la Escuela de Artes y a ejercerlo de forma profesional.
Pasamos a conversar de lo que podía ser el futuro del metal en la ciudad. Un cliente esperaba en la sala para cotizar el costo de un tatuaje. Alex, reflejando un poco de decepción en su rostro, me dijo: “Nosotros pensamos salir de acá y radicarnos en un país donde sea más valorado el tipo de rock de Masacre, por ejemplo en Europa. Donde podamos, sino vivir de nuestra música, al menos estar tocando más continuamente, no tan poco como se hace en Colombia. Aquí uno toca una o dos veces al mes si mucho. Y eso que ahora se está viendo un poco más de movimiento”.
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